miércoles, 8 de junio de 2016

Casa de las Cuatro Torres






La casa de las Cuatro Torres está situada en el corazón del barrio de San Carlos de la ciudad de Cádiz (España). Es, en realidad, un conjunto armónico formado por cuatro casas. Juan Clat Fragela, comerciante sirio establecido en la ciudad, fue el promotor de este edificio, levantado entre 1736 y 1745. Consciente de la singularidad de su proyecto, Fragela renunció a parte del solar que poseía para dejar un espacio libre ante la construcción y lograr así una mejor visión del conjunto.
 

Descripción

El edificio sigue el esquema característico de las casas de cargadores a Indias y conserva muchos rasgos significativos del barroco gaditano del siglo XVIII, circunstancia que llamó la atención de Eugène Delacroix durante su estancia en la ciudad, como testimonia el apunte que realizó de su fachada.

El diseño arquitectónico tiene la singularidad de ofrecer una torre en cada una de las cuatro esquinas. Estas torres forman, sin lugar a dudas, el conjunto más logrado y de mayor monumentalidad de todas las torres realizadas en Cádiz. Las cuatro casas se levantan a partir de una planta rectangular dividida en cuatro solares, con fachadas de idénticas características, de tal modo que, aunque se trate de cuatro casas independientes, se ofrecen como un conjunto unitario de cara al espectador. El conjunto es de gran sobriedad a excepción de la decoración a base de pilastras pareadas, con superposición de órdenes en cada uno de sus cuerpos, que se corresponden con el de las torres.

Sobre los ángulos se levantan cuatro esbeltas torres miradores. Tipológicamente, forman parte del grupo de torres de garita, al ser este último elemento el que sirve para dar salida a la escalera que sube a la terraza de la torre, además de ser observatorio, desde donde se ve el horizonte, ya que la escalera de caracol por donde se accede a la terraza se prolonga por el interior de la garita y termina en un sillín, donde el dueño, a través de unos pequeños óculos, introducía el telescopio.

Los motivos arquitectónico-decorativos que atan a las torres con las cornisas y las divisorias de las fincas son de gran belleza, con dibujos de lacería en almagra roja, que se repite en otro elemento de la construcción.

Cada una de las casas se organiza en torno a un patio, al que se abre una escalera por medio de una triple arcada sustentada por columnas de mármol.

La Casa de las Cuatro Torres está declarada Monumento, en virtud al Decreto 1004/1976 de 2 de abril.

 


domingo, 13 de marzo de 2016

Casa Aramburu



En los siglos XVIII y XIX existieron en Cádiz una serie de pequeñas bancas dedicadas a financiar el floreciente comercio local con América. Una de ellas, la Banca Aramburu sobrevivió hasta mediados del siglo XX. Parece ser que los últimos representantes de la familia Aramburu, propietaria de la entidad, (los hermanos Maria Luisa, Micaela y Álvaro) vivieron primero en el palacio de la gaditana calle Veedor, 3, antes de mudarse al edificio situado en Plaza de San Antonio 1, última sede de la Banca. Esta casa palacio de bella presencia es de propiedad privada, de estilo ecléctico-historicista (según google), tiene añadidos modernistas en su fachada, además de otros elementos que la hacen distinta a las demás casas señoriales de Cádiz. Nosotros tuvimos la oportunidad de conocer su interior –parcialmente- el fin de semana grande del Bicentenario, con motivo de su apertura al público para mostrar la exposición Cádiz-Preview.


En 1947 el Banco de Bilbao adquirió varias entidades financieras, entre ellas la Banca Aramburu Hermanos de Cádiz, con sede en este edificio de Plaza de San Antonio, 1. La casa tiene cuatro plantas. Su portada es adintelada y ocupa las plantas baja y entresuelo, con un balcón principal. La planta superior se remata con una galería de arcos de medio punto sobre pilares, recubierta en fachada con azulejos azules y amarillos y con balaustrada. Su fachada da también a un callejón lateral. Fue construida en el siglo XVIII y renovada a principios del XX por el arquitecto Juan Cabrera Latorre. Cuenta con una espectacular escalinata en curva.

El Museo de Cádiz (Plaza de Mina) entre sus muchas obras alberga un bello retrato de Micaela Aramburu (1895-1982), pintado por Zuloaga en París en el año 1928, ciudad a la que acudió la joven para ser inmortalizada por el artista. El cuadro fue cedido al Museo hace algunos años tras su muerte. Mi tía Manoli dice recordar a Micaela Aramburu –durante la guerra civil- muy alta, vestida de enfermera, visitando en sus casas a los heridos llegados del frente.


Con motivo de la celebración del Bicentenario de la promulgación de la Constitución de Cádiz, durante los días 17 al 19 de marzo, la casa Aramburu ha abierto sus puertas al público para el Encuentro de Jornadas Culturales Contemporáneas “Cádiz Preview”. El evento es una iniciativa del colectivo Sinmurallas, que pretende mostrar la obra de jóvenes creadores y artistas gaditanos.
Muebles, cerámica, ropa, bolsos, esculturas, fotografías, chocolate (Pancracio), cuadros y algas marinas, entre otros productos, se expusieron al público en las habitaciones de las plantas segunda y tercera de la bella Casa Aramburu, incluyendo una de las cocinas de la casa. En la planta baja, entrando a la izquierda, el salón existente se adaptó para música y actuaciones en directo dedicadas a la fiesta de San Patricio. Las colas fueron constantes durante los días que duró la muestra. Fue una grata sorpresa poder entrar en la casa que más contribuye a la belleza de la Plaza de San Antonio.





domingo, 7 de febrero de 2016

Real Fabrica de Tabacos de Cádiz





La Real Fábrica de Tabacos de Cádiz fue creada en 1741 por Felipe V y al cabo de los años se trasladó a otros enclaves. El que se conserva como edificio histórico de fábrica de tabacos de Cádiz es un gran inmueble de estilo neomudéjar que se construye en 1829 en la calle Plocia, rotulado como de Fábrica Nacional de Tabacos de Cádiz. A finales del siglo XX la fabricación de tabaco se traslada a una nave en las afueras de la ciudad, siendo remodelado este edificio para su uso como palacio de Congresos.

Historia
 
La Real Fábrica de Tabacos de Cádiz fue creada en 1741 por Felipe V, si bien es evidente que previamente, a finales del siglo XVII, ya existía actividad industrial tabaquera en Cádiz. En aquellos años su manufactura se desarrollaba en un caserón situado frente a la extinta Puerta de Sevilla, donde más tarde se construiría el edificio de la Aduana. Trabajaban unas 180 operarias que a finales de siglo eran ya 550. Este hecho singular vincula la producción de tabaco con el trabajo exclusivamente femenino. La razón no era otra que los salarios claramente inferiores que percibían las mujeres. La importancia de la factoría gaditana no sólo se debe al hecho de que fuera la pionera en la elaboración de cigarros, sino que:

(…) la manufactura gaditana cubría un importante papel para el destino de nuestra industria tabaquera. De un lado, se presentaba como modelo para todos los centros que iniciaban entonces sus andaduras. Alicante recibió de ella un inspector de labores y varias maestras encargadas del aprendizaje de las nuevas operarias. La Coruña se estableció según el modelo existente en la manufactura gaditana, e incluso Sevilla, al implantarse su establecimiento de mujeres, también recibió dos maestras y media docena de cigarreras, que ilustraron a las recién incorporadas aprendizas hispalenses.

                               José Manuel Rodríguez Godillo, La Fábrica de Cádiz, esa gran desconocida

 La Fábrica de Tabacos dieciochesca hay que enmarcarla, pues, en el desarrollo industrial, técnico y científico que propició la Ilustración en España. Al incremento de población derivada de la importante actividad económica, acompañaba el aumento y mejora de las edificaciones de la ciudad y de la calidad de vida, dotándola de centros educativos y culturales como el Colegio de Medicina y Cirugía (1748), el primero de tal clase que se funda en España; la creación del Observatorio

Astronómico en el Castillo de Guardiamarinas (1751), que posteriormente, en 1793, sería trasladado a San Fernando; Escuelas de Dibujo aritmético y geometría, etc. Los promotores de estas actuaciones eran verdaderos prototipos del espíritu de la Ilustración, como el Marqués de la Ensenada, Jorge Juan de Santacilia y, sobre todo, el Conde de O’Reilly.[1]

Después del primitivo enclave se utilizó como sede un edificio en la calle Rosario, frente al nº 69. Posteriormente, en 1829, se traslada al edificio que albergaba hasta entonces la Alhóndiga, edificio que era de propiedad municipal.[2] Su situación es de privilegio, ya que ocupa un lugar muy cercano al puerto de la ciudad, y a la entrada terrestre del istmo, protegida por las murallas. Precisamente allí, a escasos metros, se construiría la estación de ferrocarril que uniría Cádiz con Sevilla en 1861. El enlace entre las fábricas de ambas ciudades estaba por una rápida vía terrestre, y los productos elaborados en Cádiz podrían llegar a los núcleos de población más importantes de España y a las nuevas factorías tabaqueras abiertas ya en nuestro territorio: Alicante, La Palloza (en La Coruña), Madrid, Valencia, etc. Sin embargo, las guerras civiles que asolaron España durante el siglo XIX, así como la pérdida de nuestra escuadra y de la inmensa mayoría de las colonias americanas, supusieron un duro golpe para la actividad industrial al que no fue ajena la fábrica gaditana.

Esa primitiva fábrica se cerró en 1870 por orden del Ministro de Hacienda, Laureano Figuerola. Se restableció por R. O. de 17 de junio de 1871, al parecer por influencia del Ayuntamiento ante el Regente Presidente del Consejo de Ministros, Francisco Serrano, que había nacido en la Bahía de Cádiz. En esta reinauguración tuvo que ser por cuenta del Ayuntamiento de Cádiz la instalación de las maquinarias y la obra del edificio, obras de reforma que comenzaron en 1872. El Ayuntamiento cedió el edificio al Estado bajo la condición de que lo tenga mientras exista la Fábrica en Cádiz.


La Fábrica llevó una vida tranquila, hasta que en enero de 1881 y por iniciativa nuevamente del Ayuntamiento, se le da un nuevo impulso, entablándose conversaciones con la Hacienda Pública para ampliar la plantilla de obreras. El Estado acepta a cambio de que los gastos de adaptación y ampliación vuelvan a correr a costa del municipio, convenio que se firma en septiembre de 1881. Las obras costaron 734.211,69 ptas. y Hacienda acepta emplear a un total de 1958 operarias/os, más 1621 que ya existen en la plantilla, siendo finalizados los trabajos en 1885. Estas obras dieron el aspecto que tiene actualmente y que cambiaron todo el antiguo edificio excepto la zona de bóvedas. El proyecto se debe a Federico Gil de los Reyes y el resultado del proyecto fue un macizo y llamativo edificio de ladrillo visto, cerámica vidriada en cubiertas y algún detalle a mitad de camino entre las fábricas inglesas y la evocación tradicionalista. La nueva fábrica se inauguró el 27 de junio de 1887. Entre 1895 y 1897 se construyó el almacén anexo que completó la imagen que actualmente luce el edificio que alberga el Palacio de Congresos.

El Estado actúa con despreocupación, cosa poco inusual en un organismo público en la época del caciquismo político. La Hacienda Pública cede toda la gestión a la Compañía Arrendataria, la cual se muestra morosa en el cumplimiento del convenio pactado, quedando tan solo 1000 operarios, incluyendo a los mozos. También incumple el contrato moral contraído con el Ayuntamiento, por el que se comprometía a conservar al menos un 75% de la plantilla, de la mano de obra pactada con Hacienda antes de la sesión. De 2987 operarias/os que tenía que haber sólo tienen contratadas 1130 personas, un número inferior de cigarreras que las que trabajaban antes de que el Municipio hiciera el oneroso desembolso altruista para dar puestos de trabajo a la clase obrera de la ciudad. El Ayuntamiento recurre al Gobierno el 7 de noviembre de 1890, con el apoyo de más de cuatro mil firmas de vecinos de la ciudad. La respuesta fue la implantación de una maquinaria moderna para hacer cigarrillos, que recorta todavía más la plantilla de cigarreras, sin importarle para nada el daño que se hace (según consta en Cabildo de 2 de julio de 1904).

Fue una fábrica moderna, la mejor de su tiempo, con capacidad para más de dos mil trabajadoras. A finales del siglo XX, tras dejar de cumplir sus funciones fabriles, al trasladar la actividad tabaquera a una nave a la entrada de Cádiz, el edificio fue remodelado para adaptarlo a Palacio de Congresos.

El edificio
  
El edificio al que se trasladó la Fábrica de Tabacos en 1829 estaba situado en la calle Plocia. Se trata de una construcción de estilo neomudéjar, algo muy común en la arquitectura civil de la época: estaciones, mercados, plazas de toros, etc. Sus tres pisos de altura se alzan sobre una planta irregular, formando una manzana exenta. Llama la atención por el ladrillo visto, la cerámica vidriada en cubiertas y algún detalle a mitad de camino entre las fábricas inglesas y la evocación tradicionalista.

La fachada principal, de ladrillo visto, deja ver unas líneas bien estudiadas y de gran efecto que, junto al almacén, forman un conjunto que revela el carácter industrial del inmueble. El frontón de la entrada principal, con una placa de mármol, el nombre de «Fábrica de Tabacos» y que está rematado con el escudo de Cádiz, es de menor altura que el resto del edificio, al que divide en dos cuerpos simétricos. Éstos se unen al fondo del vestíbulo, donde se levanta la gran fachada sobre la que se proyecta el frontón. Ésta es más severa, si bien su elegancia viene marcada por la corrección de sus líneas. La fachada es sobria, en cuanto a decoración. Se encuentra otra placa con los años de renovación por la ciudad de Cádiz en 1883 y 1884. Debajo está el primer reloj eléctrico de la ciudad, que fue visitado a su paso por la ciudad por Thomas Alva Edison. Sobre la puerta principal se conserva el escudo barroco de la primitiva fábrica, realizado en mármol blanco en 1741.

La fachada del almacén nuevo, de dibujo diferente, también es de ladrillo fino descubierto, y en ella destaca la proporcionalidad racionalista, muy apropiada para el uso industrial al que en un principio estuvo destinado.

En el interior se observan interesantes elementos estructurales y decorativos de hierro fundido propios de la época. Sobresale el patio principal, cubierto por una gran montera de fundición acristalada. Decora las dependencias un conjunto de pinturas realizadas por artistas contemporáneos gaditanos.

En 1905, el ingeniero Antonio Muncunill hacía la siguiente descripción del edificio:





La Fábrica de Tabaco consta de planta baja, piso principal y segundo. Una parte está cubierta con azoteas y otra con teja plana vidriada, apoyada sobre un armazón de hierro formado por cuchillos sistema inglés, con sus correspondientes correas y cabrios. La puerta principal de entrada al establecimiento la cierra una elegante, sólida y bien construida cancela de hierro; a derecha e izquierda del zaguán y frente una de otra se encuentran dos pequeñas habitaciones, destinadas la primera a la portera mayor y la segunda a retretes para empleados. Está cubierto por una esbelta bóveda de cañón el mencionado zaguán, el cual comunica con el patio del vestíbulo mediante una segunda cancela de cristales. Este patio es de forma rectangular, de 12,05 metros de longitud por 4,40 metros de ancho y cubierto por una elegante montera  curva de cristales, de ligero armazón de hierro, y sirve de paso para las oficinas del Jefe, Intervención y Caja. A continuación del mismo y frente a la puerta principal, desembocan a derecha e izquierda dos escaleras de mármol, que dan comunicación con los talleres de los pisos superiores y azoteas. Sigue luego el patio central, de forma rectangular también, de 24,24 por 15,80 metros, cubierto de cristales apoyados sobre una esbelta armadura curva de  hierro. Está rodeado este patio en los pisos principal y segundo por amplias y hermosas galerías de hierro, con pavimento de baldosa de cristal, las que sirven de paso para los diferentes servicios del establecimiento, las cuales apoyan sobre elegante y ligeros pares de columnas de fundición.

                                                                                                                           Antonio Muncunil


La Fábrica de Tabacos fue el centro fabril más importante del casco antiguo. Su alta chimenea de ladrillo, la peculiar sirena y el deambular de las cigarreras llenaron de vida a la ciudad hasta hace pocos años. El desplazamiento de esta actividad fuera del centro histórico suscitó protestas ciudadanas.

El entorno

Contigua a la antigua Fábrica de Tabacos se abre la plaza de Sevilla, amplio espacio creado tras el derribo de las murallas. En su entorno se levanta la antigua Estación de Ferrocarril, diseñada en 1890 por Agustín S. de Jubera, armonioso edificio de arquitectura de hierro y ladrillo visto con elementos eclécticos. Ante su fachada principal se construyó, en 1950, la nueva sede de la Aduana, cuyo diseño responde a la estética oficial del régimen franquista, evocando las formas clásicas. Su estructura busca armonizar con el edificio de la antigua Aduana, situada en el otro extremo del puerto, dotando así de un cierre simétrico a este espacio urbano. Ante él se sitúa el monumento a Segismundo Moret, levantado en 1906 por Agustín Querol y Subirats.

 
 




miércoles, 6 de enero de 2016

Palacio de los Marqueses de Recaño





La casa palacio de los Marqueses de Recaño se sitúa en el número 10 de la calle Marqués del Real Tesoro de la ciudad de Cádiz (España). Actualmente es sede del Conservatorio Manuel de Falla.

Este palacio es una muestra de la arquitectura palaciega de mediados del siglo XVIII, continuando con la tradición de la casa-palacio gaditana, a la que se incluye la torre mirador como elemento definidor desde los siglos XVII al XIX. Artísticamente presenta las características propias de un barroco clasicista en la fachada y patio, a la vez que permanecen elementos del barroco tradicional como son el uso de pinjantes decorativos y las ménsulas repisas de los balcones, así como en la decoración interior con yeserías de distinta composición.

Historia

El antiguo palacio de los Marqueses de Recaño fue levantado hacia 1730 en la zona más elevada del casco histórico de Cádiz. Sigue el esquema habitual de las casas de cargadores a Indias, que en esta ocasión se adapta a los gustos del barroco dieciochesco, caracterizado fundamentlamente por el afán de verticalidad. El elemento más singular del conjunto es la torre-mirador, que al ser la más alta de la ciudad se convirtió en 1778 en vigía oficial del puerto gaditano, tomando su nombre del primer vigilante, Antonio Tavira.

El 30 de agosto de 1787 se trasladó al edificio la Escuela Gratuita de Dibujo, Aritmética y Geometría, realizándose las reformas necesarias. Allí permaneció la Escuela de Nobles Artes de Cádiz hasta 1838. En 1857 se inaugura en la casa la Escuela Normal de Magisterio y posteriormente es adquirido el edificio por las Hermanas de la Caridad para la apertura del Colegio de Jesús, María y José.

En esta casa-palacio tuvo su primera sede el Tribunal Supremo en 1812, de donde se trasladó a Madrid.

En la actualidad el inmueble pertenece al Ayuntamiento. Sufrió una remodelación por parte de los arquitectos A. Cabrera y O. Rodríguez, mediante la introducción de nuevos elementos arquitectónicos bien enlazados con los antiguos, para servir de sede al Conservatorio Manuel de Falla.

Descripción

La casa-palacio forma parte de una manzana de mayor extensión, organizándose en torno al inmueble el viario y creándose frente a su fachada principal un espacio urbano de mayor amplitud a modo de reducida plaza, que contribuye a resaltar la nobleza del edificio.

El inmueble tiene planta rectangular y presenta el esquema tipológico propio de las casas-palacio gaditanas. Su interior se estructura alrededor de un patio central con galerías en torno a las cuales se desarrollan las dependencias. Se compone de cinco plantas dispuestas con la organización funcional característica de la casa comercial de la burguesía gaditana: planta baja, entresuelo como oficinas, planta noble de residencia del propietario y una última, de menores proporciones, que usualmente habitaba la servidumbre. En este caso se ha añadido otra planta más que no se refleja en la fachada.

Patio

El patio se compone de ocho columnas toscanas de mármol, sobre pedestales con decoración serliana[1] de cabezas de clavo, en las que apoyan vanos de medio punto cuya rosca se encuentra decorada con molduras, ménsulas en la clave y motivos vegetales. Sobre el conjunto se dispone un friso con metopas, capiteles colgantes, pinjantes y entablamento superior con mútulos.[2] Este entablamento da paso al segundo piso en el que cada uno de sus frentes presenta pilastras jónicas que alternan con vanos adintelados, cubiertos con antepecho de hierro y enmarcados por molduras cuya clave va señalada con racimos de frutas. Una línea de cornisa da paso al pequeño friso sobre el que se asienta un entablamento decorado con mútulos. El conjunto decorativo de los dos cuerpos está pintado en color blanco y destaca del color rojizo del paramento.

Sobre esta segunda planta se levanta un antepecho compuesto de pequeños pilares que dan lugar al tercer piso. Tanto éste como el piso superior se encuentran retranqueados respecto al patio.




En el centro del patio se ubica una columna toscana sobre pedestal, de carácter votivo, en cuya zona superior muestra la imagen de Nuestra Señora del Rosario realizada en mármol.

En el lado izquierdo del patio, respecto a la entrada, se abre la escalera principal. Tiene una portada de acceso compuesta de un vano adintelado moldurado y flanqueado por pilastras jónicas. En la zona superior una pequeña cornisa da paso a un frontón partido compuesto de volutas y mútulos en cuyo centro muestra un escudo con corona superior.

Escalera

La escalera se compone de tres tramos delimitado el último con antepecho de balaustres de mármol. El primer tramo está cubierto con dos bóvedas de crucería decoradas con yeserías. Muestran en la clave un florón y en los plementos[3] motivos de flores circundados con roleos, hojarascas y frutos, todos de gran carnosidad.

Asimismo, la cubierta de la caja de escalera se cubre con bóveda de arista. Su decoración se organiza en torno a una gran macolla central dispuesta en la clave, hacia donde converge la decoración que cubre los plementos , compuesta de una láurea central con motivos frutales, rodeados de profusa decoración de volutas, acantos y racimos de frutos que alternan con cabezas de angelotes dispuestos en los cuatro arranques de la bóveda.

Acceso al interior

El acceso desde el zaguán al interior del inmueble está cubierto con una cancela de hierro. Consta de un vano adintelado cubierto con puerta de balaustres y roleos en la zona inferior, flanqueado por tres bandas fijas rectangulares decoradas con labor de candelabro. Está coronado con medio punto superior, compuesto también con decoración de un candelabro en el centro del que parten roleos de formas vegetales que cubren la luz del arco.

Fachadas

El inmueble presenta al exterior tres fachadas con alzado de cuatro cuerpos separados por cornisas. La fachada principal se ubica en la calle Marqués del Real Tesoro y se organiza en torno a la gran portada como eje axial. El primer cuerpo presenta el paramento labrado en piedra ostionera vista, se articula a través de la portada a cuyos lados se abren pequeños balcones correspondientes al entresuelo y una pequeña puerta situada en el ángulo izquierdo de la zona baja que da acceso a la torre. En los dos cuerpos superiores se abren balcones apoyados sobre repisas y dispuestos simétricamente respecto a la portada, siendo el último cuerpo de menor altura que los anteriores. Termina la fachada con un amplio friso articulado con pequeñas pilastras y coronado por una cornisa de mayor vuelo que las inferiores.

Las otras dos fachadas se abren una a la calle Sacramento y la otra a la calle Javier de Burgos. Tienen menor importancia ornamental.

Portada





La portada principal está construida en mármol blanco. Se estructura mediante un vano adintelado con ángulos rebajados, flanqueado por dos columnas toscanas con el tercio inferior del fuste acanalado, sobre altos pedestales cuyos frentes presentan cabezas de clavo. El vano de acceso se encuentra enmarcado por un baquetón y moldura, la cual se extiende formando sobre el dintel una decoración a modo de frontón curvo partido y volutas en cuyo interior aparece una cartela circular sin labrar y decoración a base de motivos vegetales, racimos y rocalla. De la clave del citado frontón arranca una ménsula a modo de repisa que junto con el entablamento situado sobre las columnas, dan paso al balcón cuyo vano coronado con un frontón triangular y cubierto con antepecho de hierro cierra la composición de la portada.

Torre

En el ángulo derecho de la fachada principal se eleva la esbelta torre-mirador. Para más detalles, ver el artículo Torre Tavira

Protección

Declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento, publicado en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía número 77/2005, de fecha 21 de abril de 2005.



lunes, 29 de septiembre de 2014

La Plaza de Abastos



Nací en 1837, gracias al arquitecto Juan Daura. Tengo bajo mis pies las silenciosas ruinas de las factorías de salazones romanas y restos de un pasadizo del antiguo convento de los Descalzos, que desamortizó Mendizábal. Mi planta es rectangular, con magníficas columnas dóricas de 4 metros de altura. En mi construcción, se siguieron los planos de Torcuato Benjumeda (arquitecto de la Catedral nueva de Cádiz). Para los gaditanos soy “la plaza".
 
En mi origen, yo era un recinto porticado con 72 puestos, y un amplio espacio central interior, que solía dedicarse además como servicio para carga y descargas de carros y mercancías, a fiestas y espectáculos, hasta que en 1928 Juan de Talavera construyó el pabellón central para albergar los puestos de pescado. Estas instalaciones han desaparecido tras mi rehabilitación finalizada en octubre de 2009. Creo que he ganado en belleza y espacio.



La plaza porticada de abastos sin las posteriores construcciones interiores. las mercancías se exponían, además de en los puestos, en el suelo. Hoy el mercado ha sido profundamente renovado, conservando la pureza de lo antiguo y añadiendo una moderna e higiénica estructura central para el pescado, el género motor del mercado según los asenstistas de los puestos.

Con las excavaciones de las obras –de casi tres años de duración- aparecieron 17 esqueletos enterrados en fosa común, asociados al primitivo convento de los franciscanos existente en el solar. También apareció el tambor de una columna que podría ser romana, si bien esto no se ha confirmado. Lo que sí es cierto es que los restos del viejo embarcadero de Puerto Chico impidieron dotarme de aparcamientos subterráneos, como hubiera sido deseable en un mercado del siglo XXI, que es lo que intento ser.

Terminada la rehabilitación, cuento con 57 puestos de frutas y verduras, 54 de pescados y mariscos, 44 de carne y recova, 7 de ultramarinos, 4 de pan y pastelería, 1 de aceitunas, 1 de bolsas y papel, y 1 de artículos de pesca (imprescindible en Cádiz). Además, tengo una cafetería situada en la primera planta de mi edificio. Sobre el frontal superior de cada puesto, figura el nombre comercial de cada minorista como marcas diferenciadoras, referencias de la antroponimia mercantil gaditana.

Mi nueva apariencia me ha convertido en un edificio abierto, que me proporciona más luminosidad y funcionalidad, de tal modo que desde mi interior pueden contemplarse viviendas y torres miradores cercanas, que realzan mi integración en el entorno.

Mi historia está unida inseparablemente a la de Cádiz. He vivido su decadencia económica y comercial, varias monarquías, dictaduras, la guerra civil, la posguerra con su escasez y racionamiento y el renacer de los buenos tiempos del pleno empleo en la ciudad, a mediados del siglo pasado. He recibido la visita de los habitantes de las poblaciones cercanas, convirtiéndome en la referencia del buen pescado para la bahía. Y sobre todo, he vivido de cerca mil historias de penas, alegrías, estrecheces, deudas, picaresca, fidelidades y mucha soledad. Hoy me siento ninguneado por los grandes centros comerciales.



Una vez rejuvenecida mi piedra ostionera y resanadas mis paredes, sigo estando orgulloso de ofrecer con dignidad los mejores productos de la provincia de Cádiz, de las manos de los más sabios vendedores, los mejores profesionales, que continúan desarrollando la actividad de varias generaciones como detallistas míos; de hecho a muchos de ellos los he visto nacer. Pero hoy, solo quiero estar a la altura de un mercado del siglo XXI, uniendo cultura (que lo soy), tradición y calidad, al servicio de los gaditanos.

Y de mi popularidad da fe el tanguillo interpretado por el coro de Los Anticuarios en 1905, cantando a una anterior remodelación.



“A  la Plaza de Abastos de esta gran población/ Piensa el ayuntamiento hacerle una renovación./ Van a hacer una montera de cristales de colores/, Un terno de raso verde a todos los vendedores/. Al suelo ponerle alfombras y a cada sacador/ Un sombrero de tres picos, su levita y su bastón./ A los carniceros y recoveros van a vestirlos de terciopelo/ Y a los que ponen los batillos los vestirán de carne membrillo. / A los que frien los churros para que estén elegantes / Calzones cortos de seda, sombrero de copa y guantes./ Y al cobrador de la renta le pondremos un pararrayos / Y unos zapatos de orillo porque le duelen mucho los callos”. (Texto: Charo Barrios).

lunes, 4 de agosto de 2014

El Cádiz de los Cargadores de Indias



Los cargadores de Indias eran prósperos comerciantes que ejercían su actividad comercial con las Américas en los siglo XVII y XVIII, eran españoles o extranjeros, pero se caracterizaban por unos gustos estéticos similares.

La ciudad de Cádiz sigue conservando la huella de estos comerciantes, y 17 puntos de gran interés histórico-turístico permiten al visitante adentrarse en aquellos años donde el Puerto de Cádiz era un referente para el tráfico de mercancías de las indias.

Comenzamos nuestro paseo en la calle de Santo Domingo para llegar al Santuario de Nuestra Señora del Rosario, también llamada iglesia de Santo Domingo, construida por los Dominicos para servir de alojamiento a estos frailes que iban o volvían de América.



Tomamos la calle Sopranis hacia el centro y llegamos a la Plaza de la Merced, a la puerta del Centro Municipal de Arte Flamenco, donde hay una escultura en bronce de Chano Lobato, un cantaor de flamenco que nació en el gaditano Barrio de Santa María en 1927.

Pasamos por la ya conocida plaza de San Juan de Dios donde se encuentra el Ayuntamiento un edificio de estilo Neoclásico e Isabelino, que refleja el esplendor que tuvo Cádiz en su comercio con las indias.

La Casa del Almirante es una casa-palacio de un cargador a Indias. Se construyó a finales del siglo XVII y pertenecía a la familia del almirante de la flota de Indias Don Diego de Barrios que no reparó en gastos: los mejores mármoles, columnas salomónicas.

Llegamos a la Catedral Nueva que se eleva sobre la altura de las casas. Comenzaron las obras en 1722, cuando Cádiz tenía un importante comercio con las Américas. Hay que subir a la Torre de Poniente desde donde se ve toda la ciudad.

Desde la Torre de Poniente, en la misma Plaza de la Catedral, vemos la Iglesia de Santiago. En el año 1564, la Compañía de Jesús creó aquí un Colegio. En 1596, Cádiz sufrió el asalto y saqueo por las tropas anglo-holandesas y el Colegio tuvo que reedificarse. Hoy, sólo queda la iglesia. Subimos por la calle de la Compañía hasta la Plaza de las Flores, un lugar muy concurrido de Cádiz, se vende flores, obvio, pero también hay mucho comercio, churrerías donde desayunar, lugares para tapear, freidurías donde tomar el pescaito frito, está el Mercado de Abastos, el edificio de Coreos... un lugar muy vivo. Al ladito, el mercado. Siempre es muy interesante ver el mercado de una ciudad para conocerla un poco mejor y este mercado desde luego es un lujo. pasear por esos puestos con esa riqueza de frutas, verduras, pescados... tan abierto y tan alegre.

Subimos por la calle Hospital de Mujeres hasta encontrar... eso, el Hospital de Mujeres. En 1598, sólo había un hospital en Cádiz, tenía 20 camas y sólo 2 de ellas destinadas para mujeres. Al ser un sitio tan frecuentado por el comercio con las indias, se vio la necesidad de crear más camas para mujeres pues éstas acababan muriendo por los portales. Se empezó a construir en 1634 lo que se llamó Hospitalito de Mujeres, pero el actual fue levantado entre 1736 y 1749.

La Torre Tavira pertenece a una de esas casa-palacio típicas de cargadores de Indias, el Palacio de los Marqueses de Casa Recaño. Es una torre mirador del siglo XVIII y tiene una cámara oscura que, mediante espejos que dirigen la luz, se ve toda la ciudad de Cádiz alrededor de la Torre. Un "entretenimiento" ciertamente muy curioso.

La calle Ancha era de las más importantes de Cádiz en el siglo XVIII, y como su nombre indica, era la más ancha. Desemboca en la Plaza de San Antonio. Aquí se han concentrado numerosos palacios, y arquitectura singular, como la Casa de los 5 Gremios, que tiene un balcón apoyado sobre cabezas de león, neoclásica del siglo XIX.

Tiene en el centro una estatua del famoso general Espoz y Mina, de ahí el nombre de Plaza de la Mina. En esta misma plaza está el Museo de Cádiz. Cuando el 1887 se encontró el famoso sarcófago antropoide fenicio inmediatamente se creó un Museo Arqueológico para custodiarlo. Luego se unió con el de Bellas Artes pasando a llamarse desde entonces Museo de Cádiz. En el Museo de Cádiz hay una planta dedicada a los títeres de la Tía Norica otra parte de la historia de la ciudad con sueños de niñez que llena de magia los recuerdos de muchos.

Vamos hacia la Plaza de San Francisco, alegre y animada, desde la que salen calles que conducen hacia todos los lugares del Cádiz viejo.

lunes, 30 de junio de 2014

La Maqueta de Cádiz




La maqueta de la ciudad de Cádiz tiene su origen en el hecho de cuando el Rey Carlos III dispuso que se hicieran las maquetas de las ciudades importantes y fortificaciones que tenían, con el fin de poder tener una reproducción plástica de todas las plazas fuertes de su reino, todo ello desde el punto de vista estrictamente militar, pero sin olvidar, naturalmente, la población que defendían dichas fortalezas.

El teniente coronel de Infantería Alfonso Jiménez, ayudado por algunos ebanistas gaditanos, realizó la maqueta de la capital gaditana entre julio de 1777 y marzo de 1779. Dicha maqueta ocupa una superficie de 12'52 x 6'92 m dividida en cuatro bloques, con un total de 333 piezas independientes. Se usaron diversos materiales: pino de Flandes recubierto de cedro tallado para las olas; ácana y caoba para las casas; ébano para las ventanas y balcones; marfil para los edificios más señalados. Al encontrarse por aquel entonces en construcción la catedral de Cádiz, su aspecto corresponde al proyecto inicial de Vicente Acero, más grandioso que el de su estado actual.

La base documental usada por los maquetistas fue un plano de Cádiz firmado por Ignacio Sala en 1749. Cedida al ayuntamiento, sufrió varios avatares (traslados, incendio en 1835) siendo restaurada entre 1950 y 1962 por Manuel Pena López. Actualmente se encuentra en el Museo de las Cortes de Cádiz, donde aún impresiona al que la observa por su tamaño y riqueza. Es una pieza clave para conocer el urbanismo del Cádiz dieciochesco.



Se comenzó por la de la Plaza de Cádiz, única ciudad de nuestra nación que logró tenerla, ya que en España solamente existe otra parcial de Madrid, realizada por León Gil del Palacio, hacia el año 1830.

Construcción

Siendo gobernador militar y político de Cádiz, don Nicolás Buccareli, en el mes de julio de 1777, se comenzó la maqueta por el teniente coronel de Infantería e ingeniero, don Alfonso Ximénez, el que se valió para ello, principalmente, de un plano de Cádiz debido a Ignacio Sala y fechado en 1749, que se conserva en el Archivo Municipal de nuestra ciudad.

Sobre los pormenores de su construcción, figura a su frente una placa con una inscripción en castellano antiguo:

PLAZA DE CADIZ AVIENDO DISPUESTO S.M. EL REY N.S. DON CARLOS III a consulta del EXmo. SrCONDE DE RICLA Capn Gl de los R'extos Grâ de España de prima Classe, y su Secretario de estado y del despacho de Guerra: se hiciesse una coleccion Genl de Vajos Relieves de todas las Ptas de sus Reys para que existiesen en la Corte: elijió para esta construccion a Dn. Alfonso ximenez Teniente Coxl de Ynfa y su Yngeniero Oxdinº; el q dió pxincipio ala Citada obxa porla Plaza de Cadiz q xepresta este Modelo y xetxato pox si solo sin Deliniads Ayudantes ni otxa cosa mas q el matexial ausilio de ebanistas españoles paxa q le preparasen y acoplasen las madexas: cuya obra emp.º en el mes de Julio de 1777 y acabó en Maxzo de 1779:


La maqueta de la ciudad de Cádiz tiene unas dimensiones de 12,52 metros de largo por 6,92 metros de ancho y está formada por cuatro trozos perfectamente acoplables. Está construida en maderas finas y consta de trescientas treinta y tres piezas agrupadas en trescientos cinco bloques y en ella está fielmente reproducida a escala toda la ciudad de Cádiz, figurando en la misma sus edificios notables y marcándose con toda exactitud las direcciones de las calles, estructura de las manzanas de casas, plazas y demás lugares de la población.

La base está construida en tableros de pino de Flandes, recubierta de cedro tallado, formando así las olas. La parte que corresponde al mar y las calles están formadas en madera de acana y caoba. Las ventanas y balcones son todos de ébano.

La catedral, que mide unos veinte centímetros de alto, está construida en su mayor parte de marfil, al igual que todos los edificios notables. Como quiera que cuando se hizo la maqueta la Catedral estaba entonces en construcción, su constructor se valió para ello de unos planos debidos a Ignacio Sala, fechados en 1749, que se conservan en el Archivo Municipal de Cádiz. De ahí que la catedral aparezca en este plano en relieve, conforme al proyecto que se tenía para su construcción, en los primeros años de iniciación de las obras.

Contraste entre el Cádiz de la maqueta y el actual


El plano en relieve refleja fielmente en sus menores detalles el aspecto que presentaba la ciudad en la segunda mitad del siglo XVIII. De aquella época a la actual numerosas circunstancias y hechos han ido transformando la fisonomía de la población, adaptándola a las necesidades y exigencias de la vida actual. Sus edificios se han ido ampliando notablemente para poder albergar a su cada vez más crecido número de habitantes y, por el contrario, sus viejos castillos y baluartes, al ir perdiendo gran parte de su capacidad defensiva, han ido quedando como recuerdos vivos de todo un símbolo de su glorioso pasado. Resulta, pues, interesante comprobar a la vista de la maqueta, aquellas construcciones que figuran en la misma y que al no existeir en la actualidad, pasaron a la evocación y al recuerdo.



Tampoco figuran en este plano en relieve las plazas de la Merced, Libertad, Candelaria y Mina, por haberse construido en fechas posteriores a aquella época, así como el barrio de San Carlos, por idéntico motivo.

Exhibida en varias exposiciones

A comienzos del pasado siglo, la maqueta estuvo expuesta en el centro de la Sala de Cortes del Palacio del Buen Retiro y, posteriormente, fue donada al Ayuntamiento de Cádiz. A partir de entonces esta joya sufrió una serie de vicisitudes realmente lamentables. Hacia el año 1835 sus piezas fueron depositadas en una de las habitaciones del piso alto del Municipio, en donde por efectos de un incendio que se declaró en dicho edificio, una pequeña parte de la misma resultó destruida.

A mediados del siglo XIX la maqueta fue trasladada para su conservación a un local situado en el Paseo de las Delicias, número 5, que era un edificio de mampostería de una sola planta y cubierto de azotea, que se encontraba junto a un almacén de maderas que tenía un aserradero movido a brazo.



Algunos años después, el Municipio ordenó construir una caseta de madera y lienzo para exhibirla en la Exposición Marítima Internacional, que se instaló en el lugar que actualmente ocupan los Astilleros, en donde estuvo expuesta desde el 15 de agosto de 1887 hasta el 30 de octubre del mismo año.

Una vez desarmados el plano y la caseta y, por no encontrar el Ayuntamiento un lugar más adecuado para ello, fueron trasladados al mismo local del Paseo de las Delicias, 5, donde antes se encontraban.

La Corporación Municipal que rigió los destinos de la ciudad en el año 1903 debió estimar que el lugar donde se guardaba la maqueta ofrecía pocas seguridades para la misma, en caso de un posible incendio, y creyó que lo más conveniente era asegurarla contra ese riesgo. El citado seguro contra incendio se formalizó con la Compañía de Seguros "Phoenix Assurance Company", cuyas oficinas centrales se encontraban establecidas en Málaga. Dicha póliza se suscribió por un período de tiempo de 10 años, a contar desde el 2 de noviembre de 1903 al 27 de noviembre de 1913, y entre las diversas cláusulas de dicho contrato, figuraban las siguientes:



  • "Quince mil pesetas sobre un plano de la ciudad de Cádiz, en relieve, de tres por siete metros, labrado en maderas finas y marfil, en el año 1777 y sus caballetes y soportes, mediante el pago de quince pesetas de prima anual..."
  • "Cinco mil pesetas sobre una caseta de madera y lienzo, destinada a exhibir el plano dicho, pediante el pago de cinco pesetas de prima anual..."

Sobre el importe de las primas anuales citadas, el Municipio obtuvo "una rebaja del veinte por ciento que concedía la Compañía a las propiedades públicas...", haciéndose igualmente constar en dicho documento, que los indicados objetos "se encontraban desarmados y almacenados en un local situado en el Paseo de las Delicias, 5"

También fueron exhibidas algunas piezas de la maqueta, en la Exposición Internacional de Artesanía, que se celebró en Madrid, en el año 1963.



 Al inagurarse en el mes de octubre de 1912 el Museo Iconográfico de las Cortes de Cádiz (hoy Museo de las Cortes de Cádiz), por orden del alcalde, la maqueta fue trasladada a dicho centro, pudiendo decirse que su instalación se hizo de una forma muy poco acertada, ya que  fue depositada en una sala insuficiente del piso tercero, para lo cual hubieron de cortársele algunos trozos que fueron arrinconados y almacenados en una de las dependencias de dicho centro.

Al tener que clausurarse dicho Museo, en el año 1943 para realizar obras en el mismo, como quiera que la maqueta se encontraba bastante deteriorada, se acordó en esta fecha por el alcalde la restauración de la misma, si bien por diversas circunstancias, los referidos trabajos no pudieron comenzarse hasta el mes de diciembre de 1950.

La difícil y complicada tarea de dicha restauración le fue encomendada al oficial de carpintería de Obras Municipales y maestro de Taller de carpintería de la Escuela de Bellas Artes don Manuel Pena López, quien, en honor a la verdad, puede decirse que realizó dicho difícil cometido de una forma admirable. Dicha restauración puede decirse que se llevó a cabo en dos períodos o etapas de tiempo diferentes, con un intervalo entre uno y otro, de diez años:

  • En la primera etapa se restauraron casi todas las casitas y, según declaró el señor Pena López, los trabajos de más envergadura que tuvo que realizar fueron varios, tales como el Gobierno Militar, las Puertas de Tierra y la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, pero, sobre todo, la Catedral, ya que estaba casi destruida, faltándole infinidad de piezas, entre las que figuraban cornisas, campanas, imágenes, aparte de las torres y algunas cosas más, por lo que tuvo que hacer fotografías y dibujos de las mismas para poderla reconstruir.
  • En la segunda etapa, el mapa y algunos bloques de edificios.


Terminadas las obras del Museo, al abrirse al público dicho edificio, la maqueta, tras su completa restauración, quedó debidamente instalada en una amplia habitación del piso primero, la que anteriormente sirvió de salón de sesiones a la Academia Hispanoamericana, en donde el plano en relieve de la ciudad de Cádiz se ofrece hoy al visitante con toda su belleza y esplendor.

La arquitectura militar en la maqueta

Las fortificaciones medievales y de los siglos XVII y XVIII están fielmente representadas en la maqueta. Destaca, de entre las mandadas levantar por el rey Alfonso X el Sabio, el Castillo de la Villa, hoy totalmente desaparecido y que según las fuentes, fue construido aprovechando los sillares de antiguos monumentos romanos, tales como el Circo y el Teatro.


El Castillo de la Villa, en su reproducción, es importante por ser el único antecedente de la primitiva Academia de Guardias Marinas y Observatorio Astronómico de Jorge Juan, origen de la Escuela Naval y Observatorio Astronómico actuales.

De la antigua muralla de la ciudad medieval se reproducen la Puerta del Mar, hoy Arco del Pópulo; la Puerta de Tierra, hay Arco de los Blanco, además del Arco de la Rosa.

Pero es en las reproducciones de las fortificaciones de los siglos XVII y XVIII donde encontramos un estudio exacto de las defensas gaditanas de la época de inestimable valor, pues son las únicas reproducciones de bulto que existen para estudio de eruditos y recreo de aficionados.

Todo el recinto amurallado: el frente de tierra, la muralla del Vendaval, 'La Caleta, campo de Santa Catalina, San Carlos y Los Negros, junto con los Castillos de San Sebastián y Santa Catalina, cierran la ciudad.

De particular interés es la reproducción de la Muralla Real y sus defensas abaluartadas, según el sistema Vauban.


Como curiosidad pueden observarse las contraminas que defendían el Glacis de Puerta de Tierra, conocidas vulgarmente como las Cuevas de Mariamoco. Por un ingenioso sistema se levantan varias piezas que dejan al descubierto estas contraminas, de las que todavía quedan extensos vestigios.



El Castillo de Santa Catalina, concebido en principio como Ciudadela de la ciudad, está fielmente reproducido. Algunos elementos de la fortificación carolina ya desaparecidos pueden estudiarse en la maqueta. Así el Bonete, a espaldas del Hotel Atlántico, la antigua Punta de la Cruz, hoy de San Felipe, así como todo el lienzo de uralla que iba desde San Carlos hasta las Cuesta de las Calesas.

Las demolidas puertas de San Carlos, de Sevilla y del Mar, que bien pudieron haberse conservado como monumentos exentos, sólo pueden admirarse ya en la maqueta y en algunas viejas fotografías de finales del XIX y principios del XX.

Los cuarteles de San Roque y Santa Elena, así como los antiguos polvorines, todos ellos demolidos, están, sin embargo, a nuestra vista en la maqueta.

El otrora edificio del Gobierno Militar, construido como residencia para los ingenieros, es una de las piezas que pueden desmontarse para ver su distribución interior.


La casi milagrosa conservación de la maqueta es un regalo inapreciable de la fortuna para los gaditanos que hoy pueden conocer cómo era Cádiz en el siglo XVIII, época de su esplendor tanto mercantil como urbanístico.
En el aspecto de la fortificación y arquitectura militar es un ejemplar único pues, si bien se conservan muchos planos y croquis parciales, la maqueta es la única reproducción exacta y formal de conjunto que hoy existe y su conservación debe constituir constante obsesión para todos los gaditanos.