viernes, 21 de junio de 2013

Historia del Casino Gaditano



El Casino Gaditano se funda el 27 de octubre de 1844, en la sede de Juntas de la Academia Nacional de Bellas Artes, instalándose en la calle Murguía, número 23. En 1848 se traslada a su sede actual en la Plaza de San Antonio número 15, propiedad de D. Félix Colarte, Marqués del Pedroso.

Este edificio de interesante historia fue anteriormente casa de la ilustre familia Istúriz, siendo Don Tomás Istúriz activo participante en las sesiones de las Cortes de Cádiz. Alcalá Galiano refiere este lugar, conocido como “Casa Otomana”, como centro de conjuras y pronunciamientos liberales durante el reinado absolutista de Fernando VII.

Se trata de una típica casa unifamiliar de comerciantes acomodados del siglo XVIII, levantada en torno a un amplio patio de columnas de mármol genovés y con una espléndida escalera.

En ella se estableció la sociedad Casino Gaditano que, concebida como mucho más que un simple lugar de reunión y tertulia, desde su fundación despertó el interés de la sociedad gaditana y vinculo su vida y acontecer a la propia historia de la ciudad como reflejo de la misma.

Su primera reforma de importancia la realizo en 1857 Juan de la Vega, reordenando la fachada en tres calles y espejos, recurso frecuente de la arquitectura isabelina. Las paredes y techos de sus salones también se decoran con el lujoso eclecticismo de la época.

Su segunda gran reforma es de finales del siglo XIX cuando, triunfando en España el estilo Historicista, se encarga al escultor sevillano Adolfo López Rodríguez la transformación del patio en un llamativo neomudejar, respetándose la decoración isabelina de los salones de la planta noble.

A lo largo de su dilatada historia, el Casino Gaditano ha acogido a ilustres visitantes, destacando por encima de todos la reina Isabel II en  1862, conservándose la lápida que recuerda el baile que se celebró en su honor, y el rey Alfonso XIII, en 1904 a quien el rico patio árabe causó gran admiración. En el álbum del Casino se recogen las firmas de muchas otras destacadas personalidades que lo han visitado y participado en sus actividades: políticos como Emilio Cautelar o Segismundo Moret, músicos como Manuel de Falla o escritores como José Mª Pemán o Rafael Alberti, entre muchos otros.

Pero por encima de sus restantes y variadas actividades, el Casino siempre destacó por su carácter filantrópico, manifestado en cuantas situaciones desgraciadas ocurrían en Cádiz o incluso fuera de la ciudad.
 

Así, en 1854 el Casino instala cocinas públicas para socorrer a familias gaditanas necesitadas y afectadas por la epidemia del cólera morbo. En 1859 crea en el desaparecido cuartel de San Fernando un Hospital de Sangre para los heridos en la Guerra de África. En 1884 costea la construcción de quince casas en el granadino pueblo de Albuñuelas semidestruido por un grave terremoto. En 1885 reparte 64.393 raciones de comida a los afectados por una nueva epidemia de cólera en Cádiz. En 1891 recauda donativos para ayudar a paliar los destrozos provocados por las inundaciones de Consuegra (Toledo). En 1898 costea la atención en el hospital de San Juan de Dios de los soldados heridos y enfermos repatriados de las guerras de Cuba y Filipinas. En 1909 hace otro tanto con los repatriados de la desastrosa campaña de Marruecos.

Manteniéndose fiel a su tradicional espíritu de servicio, en la actualidad el Casino Gaditano asiste a diversas instituciones benéficas de la ciudad.

Mención destacada merece la magnífica Biblioteca del Casino, iniciada en 1858 con la recopilación y encuadernación de colecciones de distintos periódicos y revistas españolas y extranjeras. Entre los más de diez mil volúmenes se encuentran ricos e importantes fondos de especial interés gaditano así como una colección de Diarios de Sesiones de Cortes y colección Legislativa de gran importancia y atractivo para numerosos investigadores.

Y es que el Casino Gaditano, no conformándose con ser el centro de la vida social de la ciudad, ha desarrollado una activa e incesante vida cultural plasmada en innumerables exposiciones, conciertos, conferencias y otros muchos eventos.

En la actualidad y desde hace más de treinta años el Casino tiene instituido en colaboración con la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz el premio anual “Casino Gaditano” al mejor trabajo presentado sobre dicho ámbito sanitario.
 

Así mismo, el Casino es desde el año 2000 sede del Centro de Estudios Constitucionales 1812, una fundación científico-cultural en la que junto al Casino Gaditano participan como patronos el Excmo. Ayuntamiento de Cádiz, la Universidad de Cádiz y la Caja de Ahorros Cajasol y que también concede anualmente un premio de investigación.

No menos importante, el Casino Gaditano, el Grupo Joly y Cajasol han creado y mantienen el Foro de Cádiz como plataforma de diálogo, debate e intercambio de ideas e iniciativas, instrumento de gran utilidad para el desarrollo cultural, económico y social de la provincia, el enriquecimiento del discurso cívico, el fortalecimiento de la sociedad civil y el flujo de ideas e iniciativas consideradas de vanguardia en nuestro mundo, Foro que cuenta todos los años con la presencia de destacados nombres del mundo de la ciencia, la cultura y la política y otras disciplinas de interés.

jueves, 6 de junio de 2013

Iglesia de San José



Se construye a finales del siglo XVIII con planos de Tocuato Cayón y de Benjumeda. Es de estilo neoclásico. La iglesia es de planta de salón con tres naves esbelta cúpula. El aspecto exterior es borrominesco. El interior está dividido en tres naves con soportes cruciformes. La cubierta de la nave central que es más alta que las laterales se resuelve mediante bóvedas vaídas con lunetos en los que se abren las ventanas. Asimismo, las laterales se cubren con bóvedas vaídas que se refuerzan por arcos fajones. El tambor de la cúpula se compartimenta por pilastras jónicas que se reflejan al exterior mediante nervaduras.
La fachada, a los pies de la iglesia, está decorada por cuatro pilastras jónicas con guirnaldas. Sobre la cornisa y a la altura de las pilastras centrales, se eleva un frontón triangular en cuyo vértice superior hay un escudo que portan dos ángeles. En el mismo eje está la puerta principal, de arco semicircular con ménsula en la clave y un dintel a la altura de las impostas.
El hastial se remata en dos torres-fachadas, que constan de tambor, cúpula y linterna. Son de sección cuadrada y en los vértices se adosan columnas pareadas jónicas con guirnaldas, sobre basamentos, rematadas por un entablamento. Dan una nota colorista al trasdós de las cúpulas, la del crucero y torres, de cerámica de tonalidad azul, con líneas blancas de meridianos y paralelos.
La iglesia comenzó a construirse a extramuros de la ciudad por Torcuato Cayón en el solar donde había existido una ermita. Posteriormente fue continuada por Benjumeda. Consta documentalmente que en 1784 se estaba construyendo y que se estrenó el 28 de Febrero de 1787.
La iglesia se erigió por suscripción popular y la Junta de sanidad contribuyó también, pues el patrono de ciudad, San Roque, era abogado de la peste. Como la ermita en que se daba culto a este santo se había demolido por las obras de fortificación de la Puerta de Tierra, el obispo ofreció a la ciudad capilla colateral de la nueva iglesia. Benjumeda y Cosme Velázquez hicieron el altar mayor en forma de templete, en el centro del presbiterio, con el coro detrás. También realizaron los alteres laterales; todo ello desapareció en la tarde del 17 de Julio de 1936, cuando fue incendiada y saqueada la iglesia.

martes, 4 de junio de 2013

Iglesia del Santo Ángel



El templo actual es el resultado de la ampliación que se realizó en la ermita del Santo Ángel de la Guarda en 1836.  
La primitiva ermita era una nave cubierta con bóveda de cañón y lunetos, la ampliación es de estilo neoclásico y deja la antigua ermita como cabecera. El templo actual es de planta de salón, con tres naves de igual altura separadas por pilastras cruciformes que sostiene bóvedas vaídas con fajones.
El exterior es muy sobrio, presenta en su fachada pilastras adosadas de orden toscano.
En el altar mayor se venera el grupo escultórico del Santo Ángel de la Guarda, obra de Nicolás Fiumo del siglo XVIII.
Hoy es parroquia castrense; ha servido al Hospital de la Armada desde su fundación en 1667 como Hospital Real, y al colegio de Medicina y Cirugía fundado en 1748.

lunes, 3 de junio de 2013

Iglesia de San juan de Dios



La Iglesia de San Juan de Dios de Cádiz se encuentra adscrita al Hospital del mismo nombre y
 situada en el corazón del casco antiguo de la ciudad, en su primitivo Barrio del Pópulo.
El templo se sitúa en esquina y presenta fachada a la Plaza de San Juan de Dios, adosado al edificio del Ayuntamiento. Es un ejemplo poco habitual de iglesia con planta de cruz griega que se inscribe en un cuadrado; se cubre con una cúpula en el crucero y bóvedas de arista en los cuatro brazos.
Contiene en su interior algún retablo del siglo XVII, aunque predominan los del tipo de rocalla dorada del siglo XVIII, con importantes imágenes como la de San Miguel y la de San Rafael.
En el exterior la fachada cuenta con portada de corte neoclásico y se destaca con una torre decorada con columnas de estilo jónico con guirnaldas y rematada con un chapitel de perfil bulboso, perteneciente al arquitecto local Torcuato Cayón de la Vega, del año 1768.
Es muy interesante la pequeña Capilla doméstica del Hospital, buena muestra de la arquitectura dieciochesca de la ciudad, que en un pequeño espacio combina elementos tan valiosos y variados como son los mármoles italianos, los azulejos holandeses y la rocalla dorada.

viernes, 31 de mayo de 2013

La Santa Cueva



Oratorio de la Santa Cueva, fundado como oratorio para ejercitantes, este oratorio de Cádiz del siglo XVIII consta de dos estancias, una superior o capilla alta, de extraordinaria riqueza y luminosidad, y otra subterránea o capilla baja de mayor austeridad y recogimiento, con un calvario de mármol obra de Vaccaro y Gandulfo. En la capilla alta se pueden contemplar, entre otras obras destacadas, tres lienzos de Goya: La Santa Cena, La multiplicación de los panes y los peces y La parábola de la boda del hijo del rey, sometidos a restauración en el Museo del Prado durante el año 2000.[1]
 El oratorio fue consagrado al culto por el obispo D. Antonio Martínez de la Plaza en 1796, es uno de los máximos exponentes de arquitectura neoclásica religiosa en Andalucía. Es obra de los arquitectos Torcuato Cayón y Torcuato Benjumeda.
El promotor del oratorio, el sacerdote José Saénz de Santamaría, marqués de Valde-Iñigo, enriqueció el templo con una pieza musical que acompañaba en la mañana del Viernes Santo, la predicación de las siete últimas palabras de Cristo. Encargó dicha pieza a Joseph Haydn, que la tituló Las Siete Últimas Palabras de Nuestro Salvador en la Cruz.
El Ministerio de Cultura lo declaró Monumento Histórico-Artístico de carácter Nacional en 1981.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Iglesia de Santiago






La Compañía de Jesús se estableció en este lugar en 1564, instalando un Colegio, del conjunto arquitectónico sólo se conserva el templo, ya que la casa con patio de columnas de mármol fue derribada para reedificarla como Seminario Conciliar.
La Iglesia de Santiago de Cádiz, situada en la Plaza de la Catedral, fue la sede del Colegio de la Compañía de Jesús en esta ciudad, del que hoy solo queda la iglesia.
Tras del asalto y saqueo sufrido por la ciudad de Cádiz en 1596 por las tropas angloholandesas al mando del conde de Essex, el Colegio quedó en tan mal estado que hubo de reedificarse su primitivo templo, ahora en el estilo manierista iniciado por Vignola para el Gesú de Roma y seguido luego en los planteamientos generales de la gran mayoría de las iglesias jesuíticas.
De planta de cruz latina, con amplia nave y crucero con cúpula sobre pechinas, cuenta con pequeñas capillas que se comunin entre sí en lo que serían las naves laterales del templo. Las trazas de esta iglesia, de 1635, son obra del hermano jesuita Alonso Romero, prolongándose la ejecución de las obras durante unos doce años.
La fachada principal se encuentra situada a los pies, hacia la Plaza de la Catedral, y se presenta organizada mediante pilastras pareadas de estilo jónico ralizadas con la habitual piedra ostionera, tan característica de esta ciudad. Cuenta con dos portadas de mármol de estilo manierista, una en su frente a la plaza y la otra a la calle de Santiago; y un sola torre en esquina realizada en dos cuerpos de altura, de planta octogonal el superior, acabada en una singular cúpula con remate bulboso, obra del siglo XVIII.
En su interior conserva una serie de interesantes retablos barrocos del siglo XVII, siendo el más relevante el Retablo Mayor, obra del maestro ensamblador Alejandro Saavedra, con dorado y policromado realizado por Juan Gómez Couto.
Es digna de mención por su antigüedad la pintura de la Trinidad, del siglo XVI profanada en el saqueo inglés de 1596, tal como reza una inscripción en oro al, pie.
Además, repartidos por la nave central cuenta con pequeñas repisas y retablos de estilo rocalla que refuerzan la riqueza decorativa de esta iglesia, correspondiente a los gustos y tendencias del arte rococó.

 


lunes, 27 de mayo de 2013

Iglesia de la Divina Pastora




La capilla fue fundada al final de primer tercio del siglo XVIII, justo en 1736, por el capuchino fray Isidoro de Sevilla y fue dedicada a la Divina Pastora, para establecer en ella una de las Compañías Espirituales del Stmo. Rosario, que fueron fundado por el capuchino Fray Pablo de Cádiz
El Buen Pastor fue una de las figuras simbólicas más extendidas en los primeros tiempos del cristianismo y ha perdurado con fuerza hasta nuestros días. La Divina Pastora no es otra cosa que la Virgen María en el papel que Jesucristo le encomendó desde la cruz. Se representa a la Virgen con atuendo pastoril, cayado alto, sombrero de ala ancha, a veces vuelta, con o sin el Divino Infante y rodeada de corderos, que simbolizan al género humano.
Esta advocación, muy de la época, fue prodigándose en la iconografía, particularmente en imágenes vestidas, muchas veces en composiciones dentro de típicos fanales de vidrio.
El 24 de noviembre de 1734, Fray Isidoro de Sevilla, solicita al Ayuntamiento un sitio donde poder construir una Capilla, y éste, por acuerdo de 19 de enero de 1735, le concedió un terreno frente al Convento de Religiosas de Santa María.
A Fray Isidoro no le gustaba el sitio, debido a los temporales que combatían, por lo que pidió permiso al Ayuntamiento para venderlo y comprar otro, hecho que se consuma en el Campo de las Cererías de la entonces Calle de Capuchinos, comenzando las obras este mismo año.
En 1736 se levantó una primera construcción, que al año siguiente es sustituida por la actual, que a su vez sufrió varias reformas en su estructura. Entre 1754 y 1755 se reformó la cúpula y se añadieron las capillas laterales; en 1757 se eleva la espadaña y en 1762 se termina el conjunto de las obras levantándose la portada.
El 16 de julio de 1964, el Obispo, D. Antonio Añoveros, erigió esta Capilla en Parroquia, cuya inauguración, el 8 de diciembre de 1965, coincidiría con la clausura del [Concilio Vaticano II], siendo encomendada a los Padres Capuchinos a través de su primer párroco, D. José Araujo González. El Vicario General, Dr. Álvarez Moya, el P. Provincial de los Capuchinos de Andalucía y otros sacerdotes concelebraron la Santa Misa en la Parroquia de San Lorenzo, de donde salió procesionalmente el Stmo. Sacramento para quedar definitivamente en el nuevo templo parroquial.
La fachada de la capilla está resuelta según una portada central, que forma como un cuerpo adelantado hacia la calle y sobresaliendo del plano de la propia fachada. Esta portada tiene tres huecos superpuestos, abultados en sus trazados y con una pequeña figura en las claves. El hueco inferior es la puerta de entrada de medio punto, adornada con la figura de un ángel, que simula sostener unas molduras, las cuales vienen a entroncar con la repisa que, en el hueco superior, sirve de apoyo a una imagen de la Virgen Titular. Este hueco también es de medio punto; sus jambas descansan en peanas y está adornado con la figura de una cabeza de león. El último hueco, adornado con una cabeza de ángel con una hoja de fondo, es un óculo circular ajustado por sus costados con sendas volutas, gruesas y grandes abajo, con quiebro para apoyo de copas, y de pequeño tamaño en lo alto.
Flanqueando la portada hay una composición de pilastras cajeadas que sostienen todo un jugoso entablamento, el cual viene a coronar la fachada formando, en definitiva, un enjundioso orden corintio dentro de los libérrimos cánones de la ornamentación y disposición barroca.
Entre las parejas de pilastras de cada lado de la portada, se ven, a la altura de la vista, unas pequeñas capilletas que, protegidas con rejas por delante y con breves tejadillos de pizarra por lo alto, están dispuestas para exponer imágenes de devoción.
Sobre el ángulo izquierdo y montado sobre el peto que culmina la fachada, se levanta el campanario, resuelto en espadaña doble mediante dos planos que forman un diedro, cuya arista coincide con el borde o límite de la construcción de la capilla. La espadaña está articulada mediante pilastras toscanas, entre las que se abren vanos de medio punto enmarcados por baquetones mixtilíneos. Esta espadaña lleva dos campanas, una en cada plano. Es como el acento barroco de toda la composición arquitectónica.
Lo que más sorprende nada más entrar en el recinto es la gran altura de espacio en comparación con la poca superficie de suelo. Esta impresión se acrecienta con los fantásticos retablos de madera tallada, que dominan los límites del espacio dejando tan sólo al descubierto de la arquitectura los soportes y arcos –totalmente desprovistos de ornato—, los cuales apoyan la bóveda de media naranja. Esta bóveda, también sin adorno alguno, está rodeada, en su arranque, por una sencilla barandilla de hierro.
La planta de la capilla habría que considerarla como de cruz griega. Se cubre mediante bóvedas de medio cañón en los brazos y cúpula sobre pechinas en el crucero, disponiéndose tribunas sobre las capillas laterales y atrio. En el cabecero, el presbiterio con su altar mayor, que tiene un inmenso retablo que forra materialmente el fondo, paredes y techo. En los brazos, otros dos enormes retablos que vuelven a cubrir por completo la pared.
La entrada se hace bajo el coro alto, cuya barandilla abalaustrada se prolonga por los lados de la capilla hasta llegar al altar mayor.
El altar mayor se desarrolla según un fantástico retablo, dividido en tres calles, separadas por estípites. La calle central se abre de modo escénico para dar vista a la imagen titular de la Divina Pastora, la cual, en su camarín, con iluminación contrastada, puede destacar de todo el acompañamiento de santos y santas, ángeles y arcángeles, que se sitúan estratégicamente sobre rizadas peanas, difíciles pilastras, ensortijadas curvaturas, perdidos entre rica hojarasca, escudetes, pilastrillas, estípites, perifollos y un laberinto de impostas, molduras, arquitrabes, frisos y cornisas de este ejemplar de madera tallada. La imagen de la Divina Pastora, fechable hacia 1730, se atribuye a José Montes de Oca. En las calles laterales se sitúan las imágenes de San José y San Francisco de Paula y en el ático el arcángel San Miguel, flanqueado por San Antonio y San Bernardino. Arriba, en todo lo alto, el Padre Eterno bendice tan prodigiosa exaltación. Fue realizado en madera dorada a partir de 1753 por Julián Jiménez.
En los muros laterales se disponen sendas tribunas con hornacinas, que contienen las tallas de San Servando y San Germán. Sobre las pilastras exteriores se sitúan las de San Pedro y San Pablo que, al igual que el resto de la imaginería del retablo, son obras de Benito de Hita y Castillo, contemporáneas del retablo y que forman uno de los conjuntos más destacados de la producción de este escultor sevillano.
Los testeros del crucero están ocupados por sendos retablos de características similares y traza relacionada con la del retablo mayor; también realizada por Julián Jiménez a partir de 1760, si bien en este caso no llegaron a dorarse, imitando su policromía decimonónica diversos tonos de jaspe. El de la izquierda está presidido por el crucificado del Buen Viaje, obra italiana del siglo XVIII. El de la derecha está presidido por la imagen de San Cristóbal, que destaca por su propia escala y por la satisfecha arrogancia de transportar al Niño. También pertenece al escultor sevillano Hita y Castillo, al igual que el resto de las esculturas y relieves que decoran estos retablos, entre las que sobresale un San Sebastián, de valiente resolución. Julián Jiménez y Benito de Hita y Castillo son también los autores del elaborado florón de la cúpula, en el que se representan diversos ángeles niños portando ovejas.
Como curiosidad deben notarse los confesionarios: están resueltos mediante unas puertas con su rejilla, que se insertan en los propios retablos formando parte de los mismos una vez replegadas aquellas.
Se conservan en la capilla la Cruz de Guía y el Simpecado pertenecientes a la Archicofradía de la Divina Pastora. Ambas piezas, realizadas hacia 1763, son de plata repujada y siguen diseños de Julián Jiménez, decorándose el extraordinario simpecado con un bajorrelieve en madera policromada, que representa la titular de dicha corporación, obra debida a Benito de Hita y Castillo, mientras que las rocallas de plata que cubren casi toda su superficie se deben al orfebre Llamas.
Finalmente, hay que hacer mención de la cúpula multicolor que cubre la bóveda de la capilla. Esta cúpula recubierta de azulejos con dibujos geométricos de colores y tejas lomudas o árabes vidriadas, también en colores, es un caso tanto singular. Hay un precedente en el propio Cádiz, que es la Catedral Vieja, cuyas bóvedas esquifadas están tapizadas también con azulejería de variopintos modelos, resultando algo un tanto insólito sin paralelo cercano.
Cúpulas recubiertas de tejas vidriadas las hay abundantes en Sevilla y bien podría ésta de la Pastora tener algún parentesco con la obra del maestro Leonardo de Figueroa. Pero, no obstante, la cúpula de la Pastora y, muy en particular, el diseño del remate hacen pensar en algo de difícil entronque. Miguel Martínez del Cerro dice en su obra “Un paseo por Cádiz” que este remate de la cúpula parece mexicano y casi chino.
El remate de la cúpula se ha terminado de forma un tanto caprichosa, con una falsa linterna quebrada, todo revestido de piezas cerámicas vidriadas. En los azulejos se ve el tema de la estrella de ocho picos en blanco sobre fondo de color, utilizado también en el remate de la cupulita de la salida a la azotea de la capilla del Sagrario de la Catedral Vieja.